23 semanas de embarazo: ¡Vamos a ejercitarnos!

Como parte de la preparación para el parto es importante que recuerdes realizar ejercicios para entrenar los músculos del piso de la pelvis, algo que te enseñan en las clases pre-parto.

Como parte de la preparación para el parto durante las 23 semanas de embarazo, es importante que recuerdes realizar ejercicios para entrenar los músculos del piso de la pelvis, algo que te enseñan en las clases pre-parto.

Los ejercicios en el embarazo ayudarán en la recuperación de esta importante parte del organismo luego del parto.

Cabe destacar que, estos espacios de aprendizaje ayudan a la mamá a incorporar herramientas simples para que el preparto y, parto propiamente dicho sean vivenciados con naturalidad.

La obstetricia encargada de llevar adelante la clase brindará todos sus conocimientos para que te sientas protegida e informada respecto a tus probabilidades de parto (natural o cesárea). Además, te permiten compartir experiencias con otras mamás.

Los cursos de preparación para el parto están comprendidos por una parte teórica y ejercicios prácticos. Estos comienzan aproximadamente entre el sexto y el séptimo mes de embarazo.

Ejercicios prenatales en las 23 semanas de embarazo

La gimnasia prenatal puede constar de varios ejercicios. En este espacio te nombramos algunos:

1. Acostada en colchoneta tienes que elevar tus piernas y dibujar círculos en el aire hacia adentro y hacia afuera. Dicho movimiento apunta a aliviar dolores en las piernas y evitan la formación de edemas.

2. En la misma posición con las piernas flexionadas y las plantas de los pies apoyadas iniciar movimientos elevando la pierna y flexionando las rodillas, una pierna por vez, mantener unos segundos arriba y volver a la postura inicial.

3. De pie, apoyada en una pared, visualiza tu pelvis y eleva el pubis hacia el ombligo, después rectifica volviendo a la posición inicial. Repítelo diez veces cada día.

Tu cuerpo en las 23 semanas de embarazo

Si no las sentiste antes, es muy probable que en esta semana  inicien las contracciones de Braxton Hicks.

Como ya te contamos son normales, relativamente indoloras, no afectan al bebé y no indican que estés comenzando el trabajo de parto. Son contracciones de preparación del útero para toda la actividad a desarrollar más adelante.

Ahora tienes que duplicar el esfuerzo para aumentar no más de un kilo cada mes porque si estás excedida se incrementarán síntomas molestos como el dolor de espalda o la fatiga al caminar.

Tu bebé en las 23 semanas de embarazo

Tu bebé mide más de 22 cm. y pesa más de 600 gramos.

Este pequeño es aún un feto delgado. Gran parte del peso que acumula, en esta etapa, va a parar a la grasa que le permite formar un aislante del medio que le rodea. Con él podrá sobrevivir fuera de tu útero. Si el bebé nace en este momento, necesitará algunas semanas de hospitalización.

En la semana 23 se comienzan a marcar los detalles de la forma de sus ojos, crecieron sus pestañas y tiene algo de pelo en las cejas. Comienza el desarrollo de sus globos oculares.

Las semanas que vienen lo verán crecer en tamaño y en peso, mientras se refinan aún más los detalles de su anatomía y su cuerpo se prepara para dejar el útero.

Tu bebé se mueve, se da vuelta y se sacude. Es porque todavía tienes algún espacio dentro de tu útero en el que todavía puede moverse. Esos movimientos son cada vez más notorios y pueden llegar a ser a veces un poco dolorosos.

Tratamos de ser lo más precisos posible, pero teniendo en cuenta que las tasas de crecimiento y desarrollo del embarazo son ocasionalmente diferentes en cada mujer, te recomendamos leer la semana de tu embarazo con un rango de una semana hacia adelante y una semana hacia atrás. Si tienes alguna duda adicional, consulta con tu médico.

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¿Por qué se presenta la infección vaginal en el embarazo?

Durante los meses de gestación, se producen cambios en el pH vaginal. Por esta razón, los especialistas consideran que es la etapa más vulnerable para la proliferación de bacterias.

Durante los meses de gestación, se producen cambios en el pH de la mujer, por esta razón, los especialistas consideran que es la etapa más vulnerable para la proliferación de bacterias, es decir, de una infección vaginal en el embarazo.

El embarazo representa un período de cambios para toda mujer. Es una etapa en la que todo se modifica. Desde las variaciones más perceptibles como la ansiedad y el aumento de peso hasta alteraciones del organismo poco conocidas, como las infecciones vaginales.

El papel de las hormonas y la infección vaginal en el embarazo

Durante los 9 meses de gestación, el nivel de hormonas femeninas cambia y afecta directamente al pH del área genital. En lo cotidiano, el pH de la zona vulvar es ácido e inferior al de otras partes del cuerpo, y se sitúa en un rango de 3.8 a 4.2, con la finalidad de impedir el crecimiento de bacterias.

Durante el embarazo la futura mamá protagoniza diversos cambios hormonales que comprometen directamente la capa protectora ácida. De esta manera, la variación a un pH mayor a 4.2 puede alterar el equilibrio en detrimento de la flora habitual, lo que deja espacio a la proliferación de gérmenes patógenos. Por esta razón, los 9 meses de gestación representan una de las etapas más vulnerables de la mujer para adquirir infecciones del tracto ginecológico.

Cómo protegerse de una infección vaginal en el embarazo

Es necesario que toda mamá tome cuidados especiales para mantener su zona íntima limpia y protegida durante esta importante etapa de la vida.

Entre las principales recomendaciones se encuentran:

  • Usar ropa interior de algodón.
  • No utilizar ropa muy ajustada o de materiales sintéticos.
  • Lavar la ropa interior con jabón de barra y enjuague, sin dejar residuos.
  • Lavar la zona íntima con un jabón especial con pH ácido que limpie, hidrate y ayude a prevenir infecciones del área vulvoperineal.
  • No se recomienda utilizar desodorantes íntimos, talcos, aromatizantes ni sales de baño o burbujas.
  • Evitar traumatismos de la región genital como el rasurado, la depilación o fricción.
  • Si se observan cambios en el flujo vaginal, prurito, ardor o mal olor, no automedicarse y consultar al ginecólogo u obstetra.

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